miércoles, 13 de marzo de 2013
Hablemos de Idiomas...
Todo comenzó con una simple charla con Meylen y Emir sobre nuestro futuro. Lógicamente no teníamos ni idea de que haríamos. ¡Por Dios, teníamos 16 (yo 15, era mayo; lagrima de nostalgia)! De ahí pasamos a que podríamos hacer en otros países, y de ahí, a lo importante que serían los idiomas que aprendiésemos en nuestro desenvolvimiento en dichos países. Fue cuando tuve la magnífica idea de decir que me encantaría aprender francés. Un sorpresivo ``Yo estudio en la Alianza Francesa´´ nos dejó a Emir y a mi helados. Mey no es la clase de persona que ves por la calle y dices: “Oh, tiene pinta de saber francés”. Otra idea. ¡Guau! Mi neurona izquierda – o la derecha – estaba muy activa ese día.
– ¿Cómo puedo entrar? ¿Hay que tener 18 años para entrar (no, salta a la vista que no)? ¿Cuánto hay que pagar?
– Mijo respira. Mira, ven conmigo este domingo y preguntas todo eso, porque yo no tengo ni la menor idea.
Guau – de nuevo –, dos años en la Alianza y no sabía esto. Y así ocurrió, a las 10 de la mañana estaba yo en casa de Meylen, cogimos la guagua y a las 11 menos cinco estábamos allá. No me olvido del profesor que, luego de la larga cola que aguante, me atendió: Wilmer. Muy amable él, me hizo una pregunta que en ese momento me pareció realmente estúpida: `` ¿Sabes algo de francés? ´´. What da Faq!? Se supone que iba a ir ahí para APRENDER francés. Bueno, luego lo comprendí. Cosas de jóvenes que no pensamos tanto las cosas.
Salí de allí como si alguien me persiguiese (por lo rápido que salí). Pasaron tres meses hasta que volví a este lugar. Claro, también mi agenda vacacional estuvo muy apretada (ironía). Así que, entretanto me afeitaba mi bigote decimogradense (un gran epic mustache fail), jugaba Mario Kart (otro epic fail) y bueno, mas nada (lagrima de nostalgia por los días en los que no hacía nada saliendo). Puedo asegurarlo ahora y siempre lo asegurare: entrar a la Alianza Francesa de Cuba fue lo mejor que me pudo haber pasado ese año. No en mi vida, claro. Me han pasado mejores cosas este año y, seguro estoy, que vendrán aún mejores. Recuerden que aún no he entrado en la universidad.
En fin, contando las horas, los minutos, los segundos, casi sin uñas (porque crecen, que si no…), esperando que llegase el 2 de octubre de 2011, a las 5p.m. día, tarde y noche, para entrar oficialmente a la Alianza.
Aquel día parecíamos niños de preescolar en un matutino. Nadie sabía en qué aula estábamos, ni que profesor le tocaba. Obvio, éramos nuevos. La sensación al ser llamado no la puedo explicar. Creo que fue alivio. Subimos todos – mis compañeros y yo – al aula J4 y, luego de un poco de charla de todos con todos (yo no, nunca el primer día congenio con alguien), y de algunas preguntas absurdas, entro la temida profesora. ``Bonjour, je m’appelle Meyling et je vais être votre professeur de français´´. ¡Qué bien! ¿Qué dijo?
En resumen, ahí estábamos, todos nerviosos, frescos, jóvenes (si, tenía 15; otra lagrima de nostalgia se sale) y con ansias de aprender un nuevo idioma. ¿Cuál era?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario